"El periodismo, al igual que la prostitución, se aprende en la calle". Lo graficó Alberto Fuguet en su libro ‘Tinta roja’. Una ‘Biblia’ para todo periodista. Y cito esta frase, porque sin duda el vivo reflejo de ello es Alejandro ‘Pantera’ Rojas.
No tiene canas, se las pinta. No quiere decir su edad: "Solo sé que te voy a enterrar", te manda a callar. Así es el fotógrafo más carismático que tiene Epensa, y por qué no, de todo el Perú. Toda una enciclopedia viviente del periodismo gráfico. Con decirles que ya disparaba su cámara en 1977, año que yo recién nacía.
El destino del ‘Cholo’ Rojas estaba escrito. Epensa sería su hogar desde aquella tarde cuando conoció a Luis Banchero Rossi; mientras pintaba la fachada del diario ‘Correo’ en Huancayo. Empezó como asistente de fotografía y, luego, llegó a laboratorista. Allí nació su gran amor a la fotografía y sus lentes captaron a los más pintorescos personajes del Perú. Su fuerte, el espectáculo. Incluso, entre sus anécdotas, está el ver agonizante a la ‘Morena de oro del Perú’, Lucha Reyes. La criolla ya estaba en el descuento cuando la pescó por la avenida Wilson. Era la portada y la primicia.
Los tiempos han cambiado. ‘Pantera’ tiró al pasado los fastidiosos rollos por la cámara digital. El blanco y negro por la era del color. Pero Alejandro Rojas sigue allí. Inseparable de su cámara. Su único amor.
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LOS DISPAROS DE PANTERA
Alejandro Rojas
Con P de "Pantera"
Me presento y digo. Soy "Pantera" (Roberto Rojas Vélez, para la formalidad) y disparo desde 1977. He visto correr por mi lente mucha sangre, pero también los mejores cuerpos y las más colosales anécdotas. Y es que para mí, fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje. No me interesa la fotografía sino la vida y de esto pueden dar fe mis colegas de Epensa, donde trabajo desde 1963 (ayudante de fotografía y laboratorista). Me molesta cuando un redactor principiante se queja de que ando lento. Lo que no entienden es que si sabes esperar la gente se olvidará de tu cámara y entonces su alma saldrá a la luz. A mis 68 años, la que camina es mi cámara. Yo soy solo una extensión de ella. Mi eterno agradecimiento a Berner Lan y Ronald Colona por enseñarme que una fotografía no se toma, se hace.